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La Entrada PDF Imprimir E-Mail
Día 5 de Septiembre, cuatro de la tarde, el inicio de la Entrada de Moros y Cristianos de Villena se deja sentir por un gran bullicio en las inmediaciones de "La Losilla" y la calle Nueva. La Banda Municipal de Música de Villena comienza su formación, rodeados de un gentío que espera con gran ilusión el mágico momento.

Un año más, unas fiestas más y de nuevo todos reunidos para vivir ese instante.

En los asistentes se nota un gran nerviosismo y expectación mientras se hace un gran silencio. Es el momento. La batuta del director se alza en el aire y baja para arrancar los primeros acordes del pasodoble "La Entrada" a la vez que el pueblo de Villena explota de alegría y de nervios, ovacionando el comienzo de unas nuevas fiestas en Honor a nuestra Patrona. Lágrimas, emoción, llamadas a familiares que están lejos para compartir con ellos ese momento, con villeneros que aún estando fuera en esas fechas no quieren perderse ese instante tan especial y que tanto significa para nosotros.

La bandera de la Banda Municipal de Música se alza al viento y comienza el desfile. Todos aplauden al paso de nuestra banda, deseosos de fiesta y emocionados a su paso.
 
"La Entrada", esta pieza del maestro villenense Quintín Esquembre (1885 - 1965) se ha convertido en un símbolo de nuestra fiesta, de nuestra pertenencia a Villena y consigue emocionarnos año tras año con su fuerza y sencillez. Porque ésta fue la característica de el encargo de realización del pasodoble "La Entrada", la sencillez.

En su libro "La Música y los Toros", Sanz de Pedre escribe: "No fue sólo Chapí el músico notable nacido en Villena. También el maestro Quintín Esquembre es natural de la hermosa población, a la que ama con inmenso cariño filial. A serle posible, jamás falta de su patria chica en las fechas tradicionales de las fiestas, que dan principio el 5 de septiembre de cada año, y que sus coterráneos denominan con "el día de la entrada", en emotiva recordación de la victoriosa penetración de los cristianos para liberar la ciudad de los moros. Los paisanos del maestro Esquembre venían solicitando al compositor villenense en diversas oportunidades que compusiera un pasodoble evocador de este histórico y descriptivo acontecimiento local, con la advertencia de que la composición fuera, a la par, sencilla, fácil y, sobre todo, libre de dificultades instrumentales, toda vez que estaba primordialmente destinada a ser interpretada por una modesta banda de música de reciente creación, integrada en su totalidad por muchachos de Villena que alternaban, en su mayoría, sus ocupaciones artesanas con la afición musical. Como en cualquier ocasión que se tratase de rendir tributo a su tierra natal, el maestro Esquembre no tardó en dar cima al deseo de sus paisanos, con tan feliz resultado que el año 1925 se iniciaban en Villena las Fiestas de "Moros y Cristianos" con el estreno de "La Entrada" pasodoble de cuyo acierto dan fe, desde entonces, el público de todo el mundo y los mejores conjuntos instrumentales que lo llevan en su repertorio."

El encargo fue realizado en 1922 por su amigo y paisano el maestro Francisco Bravo, en aquel momento fundador y director de la Banda Municipal de Villena.

El día 2 de Abril de 1965, a la edad de 80 años fallecía en Madrid Quintín Esquembre, compositos, concertista de guitarra y violoncello titulas de la Banda Municipal de la capital de España. En homenaje a la memoria del músico villenense desaparecido, su sobrino Francisco Poveda Esquembre, publicó un artículo para la Revista Villena de ese año en el que, refiriéndose al pasodoble "La Entrada" decía: "Ha contado el autor el porqué del título de este pasodoble, y sin variar ni una coma en su narración, decía. -"En mi pueblo se celebran, en honor de nuestra Virgen, María de las Virtudes, unas tradicionales fiestas de Moros y Cristianos en el mes de septiembre. El día 5, el pueblo entero sale a sus afueras para ver llegar a la Virgen cuando es traída desde el Santuario. A tal efecto las "comparsas" de los bandos "moro" y "cristiano" desfilan por las principales calles, llenas de alegría y colorido, al son de vibrantes pasodobles. El desfile o "La Entrada" que así lo llamamos, es encabezada por la Banda Municipal del pueblo. Mi buen amigo Francisco Bravo, director de ellas por aquel entonces, reorganizó, con un buen puñado de gente joven, la Banda Municipal de Villena, y e un escrito me dijo: quintín, hazme un pasodoble bonito y que no sea difícil, para que lo puedan tocar con facilidad los chicos. Traté de atenderle, y como todo lo que se hace con amor y sencillez es bonito, así nació esta obrita".
 


Posteriormente se puso letra a este pasodoble que dice así:

Como flor saturada de abril

Que de fragancia y frescor se llena,

Son tus mujeres, noble Villena

Que las colmaste de encantos mil.

Y a esa raza que abrigas gentil,

Quiere ofrendarte un triste coplero,

Su canto henchido de amor sincero

Que fue inspirado en tu pensil.

Un pasodoble para ti creado

Mi alma se ha llenado

De honda inspiración;

Porque sus notas parecen clamores

Lanzados con flores

Del jardín de tu mansión.

Villena ...

Puedes ostentar orgullo

Por tener en suelo tuyo

La mujer más noble y buena.

La mujer que por su encanto

Ni una estrella fulge tanto.

Y aunque anidas bajo el cielo

Los vergeles más gentiles,

Yo me afano con desvelo

Por brindarte flores miles

A tu hermoso y santo suelo.

Pero la popularidad de "La Entrada" es de esa índole en que la obra se yergue por encima de su autor adquiriendo una especie de cualidad anónima e instalándose en la memoria colectiva al margen de la persona que lo creó. Esto, en el caso particular de "La Entrada", da lugar a fenómenos tan pintorescos como que una música compuesta originalmente para las fiestas de moros y cristianos de Villena, donde su autor es perfectamente conocido y celebrado, se llegue a convertir en himno de las fiestas de San Roque de Peñafiel (Valladolid) con una expresión barbárica y un título tan distinto como El Chúndara. Y posteriormente llegue a ser uno de los pasodobles taurinos más elegantes, emotivos y populares.

Precisamente Quintín Esquembre alcanzó tempranamente la gloria, en el campo de la composición, gracias a este pasodoble, durante los años 20 cuando ya residía en Madrid. En un terreno mucho más elitista que el del pasodoble, Esquembre alcanzó reconocimiento oficial como compositor al recibir una mención honorífica por un cuarteto de cuerda presentado al Premio Nacional de Música de 1926. Para estos mismos concursos nacionales, hacia 1928, compuso sus Estampas de Goya, una suite orquestal que no resultó premiada, aunque ese año tuvo el consuelo de que otra obra suya, Guitarra andaluza, en la que trasladó a la orquesta sinfónica su profundo conocimiento de la guitarra flamenca, fuera estrenada bajo su propia batuta por la Orquesta del Palacio de Música, más conocida como Orquesta Lasalle, por su director, el filarmónico mecenas y pintoresco dandi José Lasalle. Con ocasión de este estreno, el crítico del Heraldo de Madrid observó. "La orquesta Lasalle nos ha dado a conocer una nueva composición de autor español: Guitarra andaluza. El maestro Quintín Esquembre, su autor, es un músico distinguido, guitarrista y además buen conocedor de nuestros ritmos y cantos andaluces. Su predilección por el castizo instrumento nacional le ha llevado a dedicar a la guitarra esta composición sinfónica, evocadora del estilo flamenco. La soleá, la seguidilla y la alegría, tan características y animadas, prestan atractivo a la obra, bien tratada orquestalmente y en la que palpitan el lirismo y el entusiasmo. El público tributó cariñosos aplausos al autor que dirigió la orquesta con autoridad".

Por su parte, Joaquín Turina, como crítico de El Debate, escribió: "Hay que advertir que Esquembre, artista de talento, además de compositor, es guitarrista. Su Guitarra andaluza es muy agradable, y aunque se trata de una Andalucía a flor de piel, está hecha con sinceridad y buen gusto, sin llegar a vulgar pandereta de bazar y conteniendo, en cambio, trozos sentidos".

Consciente seguramente de que la música sinfónica o camelística eran espacios poco propicios para triunfar cuando los apoyos institucionales estaban dirigidos a los jóvenes compositores vanguardistas dela Generación del 27, Esquembre intentó abrirse camino en un género más afín a su sensibilidad y apropiado a su formación como era la zarzuela y, el 27 de enero de 1932, tras años de trabajo y profundo estudio de la música tradicional aragonesa, estrenó en el teatro Reina Victoria de Barcelona la zarzuela Si vas a Calatayud.
 


El diario ABC del día siguiente insertaba estas notas referidas a la zarzuela de Esquembre:

"Consiguió, desde las primeras escenas, interesar y satisfacer al público y éste durante toda la representación no cesó en sus manifestaciones de agrado y de simpatía a autores e interpretes. El libro se propone deshacer la leyenda creada por la popular copla de la Dolores, siendo su desarrollo muy acertado. En cuanto a la música hemos de decir que se trata de una partitura honrada y de inspirada melodía". No obstante, pese a las esperanzas e ilusiones que Esquembre depositó en esta obra, no se volvió a representar después de su estreno.

Si hay algo que sorprende en el estudio de la vida de Quintín Esquembre es su escasa dedicación a la composición de música para guitarra, más aún cuando las pocas obras originales que compuso son contribuciones valiosas al repertorio guitarrístico. La dedicación más asidua de Esquembre a la guitarra fue durante los años 20, siendo el primer guitarrista en ofrecer un recital radiofónico en España el 11 de julio de 1924.

Entre sus obras para guitarra destacan "Guitarra andaluza", "Vals Brillante", "Canción Playera" o "El Zapateado".

Esquembre tuvo un gran número de discípulos, sobresaliendo, por la dimensión internacional de sus carreras, Vicente Gómez que triunfó en Hollywood, Ángel Iglesias, Luis Maravillas y Antonio Albanés; tuvo alumnos extranjeros notables como los holandeses Koos Tigres y Joshua Heygen o el gibraltareño WilliamGómez y tuvo tre discípulas que destacaron también en la profesión guitarrística: Meme Chacón, Ana María Loyzaga y Carmen González. Rodos ellos han sido fundamentales en la perpetuación de la memoria de Esquembre como una leve llama en la inhóspita historia de la guitarra.

En 2008 se realizó en Madrid un concierto de guitarra clásica Homenaje al Maestro Quintín Esquembre, uno de los últimos homenajes dedicados al maestro villenense. De los materiales de este concierto se han extraído algunas notas para este artículo de "Notas para un homenaje por Javier Suárez Pajares".

Pero, no obstante, anualmente la Ciudad de Villena, realiza su propio homenaje al autor y a su obra "La Entrada" al reunirse para celebrar, con gran júbilo, el arranque del Desfile que lleva su nombre y emocionándose con este momento tan mágico para todos los villeneros. Momento irrepetible que auna sentimiento festero, música, tradición e historia.

Pedro Mateo Melenchón
Publicado en la Revista especial "Día 4 Que Fuera"  del 2009
 
 

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